La obra de Ira Lupu tiende puentes entre los paisajes oníricos y la realidad de una manera que es honesta y etérea al mismo tiempo. Su obra se centra en las nociones de conexión, pertenencia, virtualidad, estigma y feminidad. En su práctica basada en la comunidad, busca constantemente nuevos enfoques éticos para ahondar en la colaboración con sus mujeres protagonistas.
El interés actual de la artista está enfocado en las posibles maneras de desafiar las limitaciones del vocabulario visual, y las de la fotografía como medio en particular. Este interés la ha llevado a dirigir su atención a las manifestaciones menos inmediatas o viscerales de la realidad. En el segmento de su obra relacionado con la guerra y los conflictos, su propósito es establecer vínculos, hacer frente a los problemas y sanar, tanto colectiva como personalmente. La impresión global es que la perspectiva de Lupu desde dentro no es intrusiva, sino pensativa y contemplativa, una extensión del «ojo de la mente» más que una documentación directa de atrocidades.