En su práctica artística, Eva Fàbregas manipula materiales blandos y flexibles que invitan a la exploración táctil, la proximidad física y las conexiones sensoriales. Al trabajar con materiales que trascienden los límites biológicos, su obra difumina las líneas entre lo humano y lo no humano, fusionando lo orgánico con lo inorgánico.
El tacto desempeña un papel fundamental en el proceso creativo de Fàbregas. Sus esculturas eluden las categorías convencionales. En lugar de imitar algo que ya existe, sus formas surgen de la mutación, la combinación y la multiplicación, y permiten a quienes visitan su obra adentrarse en un paisaje especulativo. Su obra, enraizada en los dominios somático y experiencial, se nutre de instintos primarios.
Al sumergir al público en un paisaje somático, Fàbregas persigue evocar un estado prelingüístico que nos ayude a imaginar otros cuerpos posibles, otras formas de sentir, de cuidar y de estar en el mundo.